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Las chacras del Alto Valle y su nuevo rol como secuestradoras de dióxido de carbono

Cada vez más se tiende a mitigar el impacto del dióxido de carbono en nuestro medio ambiente. Nuestras ciudades, vida social, sistema productivo y hasta nuestro ocio generan un impacto ambiental que puede ser medido y en los últimos años el concepto de huella ambiental comenzó a cobrar forma para poder tener un dato estadístico desde el cual comenzar a disminuir, neutralizar y hasta secuestrar gases, como es el caso del dióxido de carbono.

Hoy la huella de carbono nos permite medir el impacto de la acción del hombre y conocer este dato allana el campo para generar formatos y metodologías que permitan mitigarlo. En la actualidad ya se habla de poder avanzar en actividades neutras y este concepto parece empezar a tomar forma en un evento deportivo de alcance mundial como lo son los próximos Juegos Olímpicos.

A lo que se tiende es a poder reducir al máximo la utilización de energía que genere emanaciones de gases de efecto invernadero y, cuando no se puede mitigar más ese factor, la etapa siguiente incorpora la posibilidad de compensar, es decir, generar acciones que promuevan el recupero de ese dióxido de carbono que la propia actividad genera.

Tanto la producción como el recupero de dióxido de carbono se mide en kilos. La huella de carbono permite darle un valor cuantificable y la acción concreta para recuperar estos gases se conoce como “secuestro”.

Una de las formas más conocidas de poder llevar a cabo ese “secuestro” es a través de la forestación y del mantenimiento o ampliación de áreas destinada a espacios verdes. A ello se deben agregar prácticas como la siembra directa y la generación de cubiertas vegetales.

La oportunidad de desarrollar este tipo de convivencia entre la reducción de emanación de gases de efecto invernadero y la posibilidad de incorporar pautas y acciones de recupero tiene como principal objetivo lograr industrias y ciudades que a futuro se definan como de “carbono neutro”.

En este contexto, las chacras del Alto Valle cumplen un rol fundamental. Las plantas de frutales tiene la capacidad de secuestrar grandes proporciones de dióxido de carbono.

Según estimaciones internacionales, el secuestro de carbono del cultivo de peras en nuestra región puede llegar a los 64 kilos por tonelada de producción. Aunque expertos locales contradicen estas expectativas y aseguran que el número superaría ampliamente esa variable.

Las estimaciones para la región se encontrarían más emparentadas a las que ofrecen registros relevados en plantaciones de pera de Sudáfrica. Las mismas reflejan que la tasa de recuperación o secuestro de dióxido de carbono podría alcanzar los 800 kg por tonelada, cifra que multiplica por doce el rendimiento estimado para el ámbito local.

Esta brecha que se produce entre ambas regiones se habría generado por un desconocimiento respecto a la zona en donde se realiza el cultivo y el sistema de riego que se utiliza, ya que el estudio describe al valle como un área de bosques secundarios propio de la Cordillera y se considera la aplicación de riego tecnificado. Ambas situaciones contrastan con la realidad: el valle presenta un paisaje semidesértico de monte y el riego es mayoritariamente gravitacional, no tecnificado. Solamente estos dos indicadores tendrían que elevar la tasa de secuestro y acercarla a la estimada para las zonas productivas del país africano. Sin embargo, la Argentina debe trabajar e investigar para poder exhibir números propios.

No obstante, algo que queda claro es que se debe fortalecer el desarrollo de las áreas rurales y productivas, y extender la frontera de áreas que permitan y ayuden a recuperar dióxido de carbono.

En la actualidad, el mundo demuestra un gran interés en comprar alimentos que contribuyan al cuidado del medio ambiente y, desde el valle, nuestras chacras no solamente pueden ayudar a reducir los efectos de los gases invernaderos, sino que también pueden incorporar prácticas de cultivo eficientes que hoy demandan una gran variedad de mercados internacionales.

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2 comentarios en «Las chacras del Alto Valle y su nuevo rol como secuestradoras de dióxido de carbono»

  1. Y como se puede monetizar? Hay algún mecanismo que permita introducir al productor del valle en la bolsa de Chicago como ofertante de activos ambientales? O solo se trata de valor agregado accesorio a la producción frutícola?

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